Patagonia viva
Septiembre 28, 2012

En los últimos tres días, recorrimos Neuquén de punta a punta, de Norte a Sur. El portal de la Patagonia nos vio entrar desde Mendoza por la mítica ruta nacional 40, y a los pocos kilómetros apareció ante nuestros ojos la cordillera Del Viento, que alberga al pico más alto de todo el sur argentino: el volcán Domuyo, cuya cumbre se eleva 4709 metros sobre el nivel del mar.
Tras pasar por Chos Malal (primera capital de la provincia), Villa Pehuenia fue nuestro primer destino. Esta moderna aldea es seguramente el punto turístico que más se ha desarrollado en los últimos años dentro del territorio neuquino. Situada sobre la margen nororiental del lago Aluminé, se caracteriza por dos factores, uno natural y otro socio-cultural. El primero es la abundancia de la araucaria o pehuén, el árbol sagrado de los mapuches, fósil viviente que está presente en la Tierra desde los tiempos de los dinosaurios. Y el segundo es la comunidad aborigen Puel, que desde hace doce años decidió involucrarse con el turismo y abrió el Parque de Nieve Batea Mahuida, un pequeño centro de actividades invernales que hoy tiene cuatro medios de elevación y varias pistas. Gracias al Tero Alejandro Biondini (guardaparque provincial y amigo de la infancia de Guille), tuvimos una enriquecedora charla con Alfredo Catalán y Abel Barra, lonco (cacique) y huerque (una suerte de vocero) de los Puel. A pesar de que a raíz de esta “inserción en el sistema” tuvieron que dejar de lado algunas de sus costumbres ancestrales, el balance que hacen del manejo del parque de nieve es positivo.

El lago Quillén marcó nuestro ingreso al Parque Nacional Lanín. Llegamos a media tarde, y allí apareció el onmipresente volcán, que domina toda la región desde sus solitarios 3776 metros de altura. En la más absoluta soledad, armamos la carpa sobre una playita de arena gruesa y mateamos un rato, en silencio, mientras ambos rememorábamos nuestros respectivos ascensos a la cumbre del gigante austral, algunos años atrás… Cuántos recuerdos reviven en estos lugares, historias de mochilas cargadas, campamentos, caminatas y amistades forjadas al calor de un fogón.

La siempre prolija y en crecimiento San Martín de los Andes fue nuestra siguiente parada. Tal como teníamos planificado, en la ciudad situada a orillas del lago Lácar hicimos dos actividades: kayak por la mañana con Rogier Thibaut y cabalgata por la tarde con Augusto Gorchs, ambos guías experimentados y conocedores de la región.

La salida en kayak merece un párrafo aparte: corría viento Puelche (del Este) y el Lácar estaba un tanto picado. Remamos poco más de media hora, cerca de los paredones situados debajo del mirador Bandurrias, hasta que empezaron a soplar algunas ráfagas de una fuerza considerable… y el kayak de Guille se dio vuelta. El agua estaba muy fría y la corriente era importante, pero nuestro amigo Tibo (tal como le dicen a este francés que está radicado en San Martín desde hace seis años) reaccionó muy bien, Guille no se desesperó a pesar de la situación y una hora más tarde estábamos en el Jeep, con la calefacción a tope. La vuelta fue muy áspera, porque el viento en contra nos obligó a remar con todas nuestras fuerzas… Es algo que puede pasar, por eso en este tipo de excursiones siempre hay que llevar chaleco salvavidas y nunca se debe salir solo.

La cabalgata, en tanto, fue por tierras de la comunidad mapuche Vera, debajo de las pistas del cerro Chapelco, que mostraba las últimas vetas de nieve de una temporada invernal irregular.

Al día siguiente hicimos el camino de los Siete Lagos, que no por repetido dejó de deslumbrarnos. El propio Lácar, el Machónico, el Falkner, el Villarino, el Escondido, el Correntoso y el Espejo se fueron sucediendo delante de nuestros ojos, antes de llegar a Villa La Angostura, donde almorzamos. Esa misma tarde llegamos a Bariloche, pero dejamos de lado el centro y seguimos hacia el lago Gutiérrez, donde Diego y Belén Efron nos esperaban con sus kayaks de Pura Vida Patagonia. Casi sin viento, fue un placer remar por las cristalinas aguas del Gutiérrez, con su fondo costero cubierto por una capa blanca de cenizas del célebre volcán chileno Puyehue.

Hoy, en tanto, fuimos a la ciudad para tener una animadísima charla con Nicolás de la Cruz, experimentado montañista local que, entre otras cosas, formó parte del equipo que en 1990 filmó en el cerro Torre (Santa Cruz) la película Grito de piedra, dirigida por Werner Herzog…
Ahora estamos en Esquel, donde mañana nos espera el recorrido por el fantástico Parque Nacional Los Alerces y, por la noche, un paseo en el Viejo Expreso Patagónico, más conocido como La Trochita